sábado, 27 de abril de 2013

EL NÁUFRAGO SE ACERCA AL MAR

Dicho y hecho, me pongo a escribir un poquito acerca del pasado fin de semana, que he pasado en la Ciudad Condal, o sea Barcelona.
Llevados rápidamente en el vientre del AVE hasta la estación de Sants, desembarcamos en el caos habitual de una gran ciudad y ,saltando de una estación de metro a otra, llegamos al barrio de Gracia, donde nos alojaríamos en un hermoso apartamento.
Aprovechábamos la festividad de San Jorge (Sant Jordi en el resto de España, parece ser), para recuperar los recuerdos de lejanas visitas en la niñez y compartir con mis hijas nuevas imágenes de viejas calles y monumentos.  El espíritu de Gracia nos envolvió rápidamente.  Esperábamos que el resto de la ciudad nos dejara un regusto similar.
Los lugares turísticos estaban  llenos de gente, como era de prever.  Fuimos de un sitio a otro, procurando disfrutar de los espacios que quedaban entre tanto barullo, buscando con la mirada algo diferente a lo que miraba todo el mundo. Tampoco era tan complicado internarse entre la gente, incluso por la Boquería en un sábado de primavera.


Barcelona me ha encantado. Reconozco que el tiempo le ha sentado bien, que da gusto caminar por sus calles, cruzar sus plazas, pasear entre la gente... En cualquier lugar tropiezas con edificios magníficos, que reinterpretando con los amigos, nos dan pruebas del capital que ha circulado y circula por la capital de Cataluña. Claro, que yendo a otros lugares, menos grandiosos, también reconoces la hermosura de su sencillez o lo popular. Incluso en la playa.


No puedo, ni quiero extenderme más. Esta Barcelona, en cuyos balcones ondea el espíritu de rebeldía de la vieja Corona de Aragón, manifiesta en todo momento su deseo de seguir adelante y lo demuestra.



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